Sarie Van Belle, PhD
Research Associate
Department of Anthropology
The University of Texas at Austin
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Institute of Investigaction in Ecosystems and Sustainability
National Autonomous University of Mexico​
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Co-Director
Miku Conservación, A.C.
3. El Sistema Social del Mono Aullador Negro
3.2. Las Relaciones Sociales dentro del Grupo
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Recolectar Datos de Conducta Social
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Agresión
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Afiliación
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Parentesco​
En el capítulo anterior, descubrimos que los monos aulladores negros viven en grupos de entre 4 y 12 individuos. Estos grupos incluyen de uno a cuatro machos adultos y de una a cuatro hembras adultas, junto con varias crías nacidas dentro del grupo. Lo interesante es que son súper unidos: permanecen juntos día y noche, moviéndose en grupo en busca de comida.
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Dado que constantement pasan tiempo juntos, no es sorprendente que estos animales formen algún tipo de relación entre sí. Surgen estas preguntas: ¿Cómo interactúan entre sí? ¿Se llevan bien o hay roces? ¿Son más de abrazos o de disputas? ¿Quién se junta con quién? ¿Hay algunos más sociables que otros?
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Mis estudios buscan responder estas preguntas, analizando la dinámica social de estos fascinantes primates. ¡Vamos a descubrir juntos cómo funcionan sus relaciones!

Una madre (derecha) acicala a su hija adulta (izquerda). La madre tiene una nueva cría en su vientre.
Recolectar Datos de Conducta Social
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Para entender cómo se llevan los animales en su hábitat natural, necesitamos recopilar datos de manera sistemática. No basta con observarlos al azar; hay que medir con precisión la frecuencia de sus interacciones y compararlas entre distintos individuos. Pero antes de todo, hay un paso clave: identificar a cada mono (si aún no lo has hecho, échale un vistazo a "Tamaño y Composición del Grupo" para ver cómo lo hacemos).
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Ahora, ¿cómo registramos su comportamiento sin volvernos locos? La respuesta está en una técnica llamada muestreo focal. Básicamente, elegimos a un individuo y lo observamos atentamente durante un tiempo determinado: puede ser 5 minutos, una hora o incluso un día entero, dependiendo de cuánto se muevan (y qué tan seguido queda fuera de vista) y cuál es nuestra pregunta científica (no necesariamente relacionada con las interacciones sociales).
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Durante este tiempo, anotamos todo lo que hace el individuo focal: ¿está descansando? ¿Moviéndose? ¿Comiendo? Y si interactúa con otro mono, registramos los detalles: ¿fue un acicalamiento amistoso, un abrazo, una mordida, una bofetada? ¿Quién inició la interacción y cuánto duró?
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Después de completar una muestra focal, el observador pasa al siguiente animal focal, rotando por todos los miembros del grupo a lo largo del periodo de observación. Así nos aseguramos de recopilar datos equitativos y no solo seguir al más carismático (o al más visible).
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Si repetimos esto con cada miembro del grupo durante un período largo (digamos, un año), los datos empiezan a revelar patrones sociales. Así podemos entender quién se lleva bien con quién, quién es el más sociable y qué tipo de relaciones predominan en el grupo. ¡Es como descifrar el drama de una telenovela, pero con monos!

Agresión: ¿Son los monos aulladores pendencieros?
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Entre 2011 y 2013, pasé cientos de horas observando a cinco grupos de monos aulladores negros en el Parque Nacional Palenque, enfocándome en las interacciones entre adultos y subadultos (dejando fuera a los infantes y juveniles, que suelen estar pegados a sus madres). Y algo quedó muy claro: estos monos no son muy agresivos.
De las 2524 horas de muestreo focal, solo registré 218
eventos de agresión, lo que sumó apenas 22 minutos de conflicto en total. En otras palabras, hay aproximadamente una interacción agresiva cada 11 horas o un evento por grupo al día (sin contar la noche). ¡Bastante pacíficos!
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Ahora, cuando hay agresión, generalmente es bastante sutil. La mayoría de los casos (59%) son simples desplazamientos, donde un mono se acerca a otro y este último se va sin hacer escándalo, una especie de "mejor me voy antes de que pase algo". Otras formas de agresión incluyen:
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Mostrar los dientes (16%) – Algo así como decir "mira qué filosos los tengo".
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Agarrar (7%) – Un intento de control físico, aunque breve.
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Bofetar (6%) – Un empujón con actitud.
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Empujar (4%) – Básicamente, "quítate de aquí".
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Perseguir (3%) – No una carrera amistosa, sino una con intenciones claras de dominancia.
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Curiosamente, la mayoría de estas interacciones ocurren entre hembras o entre un macho y una hembra, y casi siempre por comida. Si un mono quiere comer donde otro ya está instalado, es posible que haya un pequeño encontronazo.
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¿Y los machos adultos? Sorprendentemente, son los que menos se meten en peleas. Parece que prefieren tolerarse y evitarse, lo que significa que no hay un macho alfa ni una jerarquía de dominancia estricta. Eso sí, hay diferencias en cómo interactúan con las hembras y en su papel en las vocalizaciones fuertes… pero eso lo veremos más adelante. ¡No te lo pierdas!

Una hija adulta sentado a lado su madre. Un juvenil hembra les acompaña.

Todos los miembros de un grupo (un macho adulto, tres hembras adultas y un juvenil) descansan juntos después de haber comiendo en este árbol.
Afiliación: El lado tierno de los monos aulladores
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Si bien los monos aulladores negros no son muy agresivos, lo que sí hacen con frecuencia es llevarse bien. Las interacciones afiliativas (es decir, esas que refuerzan vínculos y generan armonía en el grupo) son mucho más comunes.
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Durante el mismo estudio (con más de 2500 horas de observación), registré 702 minutos de interacciones sociales positivas. Esto equivale a aproximadamente 3 minutos por día (sin contar la noche) en cada grupo. Puede no parecer mucho, pero si lo comparas con los 22 minutos totales de agresión en dos años, queda claro que estos monos prefieren la paz sobre el conflicto.

¿Y cómo muestran su afecto o conexión social? Principalmente de tres formas:
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Acicalamiento (45%) – La clásica escena de monos arreglándose el pelaje. No solo sirve para mantenerse limpios, sino también para fortalecer lazos sociales.
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Juego (36%) – Especialmente en los más jóvenes, pero también entre adultos que buscan aliviar tensiones.
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Contacto físico (16%) – Desde sentarse juntos hasta apoyarse mutuamente, un gesto simple pero significativo.
Ahora bien, no todos los monos son igual de sociables. Las hembras adultas fueron las más afiliativas entre sí, mostrando altos niveles de acicalamiento y contacto. En contraste, las parejas de machos fueron las menos afiliativas, evitando interacciones cercanas. Entre machos y hembras adultos, las interacciones fueron intermedias, ni demasiado cercanas ni completamente distantes.
Otro punto interesante es que los subadultos también participaron bastante en interacciones afiliativas, especialmente a través del juego. Esto sugiere que el juego no solo es una forma de diversión, sino también una estrategia clave para integrarse en la comunidad.
En definitiva, aunque los monos aulladores no sean los más efusivos del mundo animal, sí tienen formas claras y estructuradas de fortalecer sus lazos sociales. ¡Y eso los hace aún más fascinantes!
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¿Cómo influye el parentesco en las relaciones sociales?
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Los patrones de interacción entre los monos aulladores negros no son al azar: el parentesco juega un papel importante en la forma en que se relacionan. Nuestros estudios genéticos revelaron que muchas hembras adultas dentro de un mismo grupo están emparentadas entre sí—es decir, son madres e hijas, tías y hermanas. En nuestro estudio de cinco grupos, el 91% (10 de 11) de los pares de hembras adultas resultaron ser parientes cercanas.
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No es sorpresa, entonces, que las hembras pasen tiempo juntas e interactúen regularmente de manera afiliativa. Sin embargo,
incluso cuando las hembras no están emparentadas, siguen teniendo interacciones afiliativas a tasas similares a las de aquellas que sí lo están. La diferencia es que las hembras no emparentadas tienden a ser ligeramente más agresivas entre sí.

En cuanto a los machos, la historia es un poco diferente. Los estudios genéticos mostraron que en algunos grupos, los machos adultos que viven juntos son parientes (padre e hijo o hermanos), mientras que en otros no lo son. En nuestro estudio, solo el 33% (3 de 9) de los pares de machos adultos eran parientes cercanos. Pero aquí es donde las cosas cambian: ya sabemos que los machos rara vez pasan tiempo juntos o interactúan socialmente, por lo que el parentesco no tiene tanto impacto en sus relaciones. Eso sí, al igual que con las hembras, los machos no emparentados fueron un poco más agresivos entre sí que aquellos que sí compartían lazos de sangre.
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¿Y qué pasa con las relaciones entre machos y hembras? Pues aquí la conexión genética es aún más baja. En nuestro estudio, solo el 13% (4 de 31) de las parejas macho-hembra dentro de los grupos eran parientes cercanos. Esto tiene mucho sentido, ya que los monos aulladores buscan pareja fuera de su grupo natal, moviéndose entre grupos para evitar la endogamia y encontrar nuevas oportunidades reproductivas.
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En resumen, aunque el parentesco influye en la afiliación y la agresión, especialmente en las hembras, los monos no dependen exclusivamente de lazos familiares para socializar. Y cuando se trata de encontrar pareja, la norma es salir del grupo y buscar nuevas conexiones. Pero esa es otra historia… ¡y la exploraremos más adelante!